HELECHOSA DE LOS MONTES (BADAJOZ)
María Luisa Guijarro, vecina del pueblo y portavoz del grupo que me ha reunido en la iglesia, me explica el itinerario de la ronda y el rosario:: cantan las coplas de la aurora por el pueblo, van a la puerta del sacerdote, cantan al entrar para que les abran la puerta y rezan el rosario. Ese primer recorrido con las coplas dura una hora. Los tres primeros misterios son rezados y salen de nuevo. El cuarto y quinto misterios cantan las avemarías y las glorias. El padrenuestro no. En una plazoleta, al terminar el rosario, cantan cantos de la aurora (unos cinco minutos). Luego vuelven a la iglesia cantando las letanías. Todo dura unas dos horas.
La grabación la hago un domingo a las 11:00. Esa madrugada han tenido rosario de la aurora.
Copla primera de la aurora
Vecinas de Helechosa de los Montes (Badajoz)
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El rosario de la madrugada
Es para los hombres que al campo se van
Y vosotras, devotas mujeres
En vuestra cocina lo podéis rezar
Y vosotras, devotas mujeres
En vuestra cocina lo podéis rezar
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A las vecinas les acompaña Antonio, vecino del pueblo que toca el tambor.
La Zarabandilla
Autor Apellidos | Ciudad (Municipio)
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Estaban las tres hermanas / La zarabandilla,
Que se iban a acostar / Zarabandilla, illa, zarabandilla, ya
Dice la chica a la grande / La zarandilla
Gente suena en el corral / Zarabandilla, illa, zarabandilla, ya
Coge la chica la porra / La zarandilla
y el candil para alumbrar / Zarabandilla, illa, zarabandilla, ya
Miraron a los rincones / La zarandilla
y en ninguno no había na / Zarabandilla, illa, zarabandilla, ya
Miran detrás de la puerta / La zarandilla
Y estaba allí el sacristán / Zarabandilla, illa, zarabandilla, ya
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Este canto, si bien, no es religioso, lo he grabado por una razón: al terminar de grabar los cantos religiosos, indiqué al grupo de vecinas que si se acordaban de alguna melodía que cantasen sus madres o abuelas, me las hagan llegar. Entonces, una mujer se me acercó y me dijo que ella encontró en internet la letra de un canto que cantaba su madre. La música no la ha encontrado, pero a fuerza de recordarlo me lo graba.
Cuentan que, de niños, venían al pueblo romanceros. Venían a contar historias y noticias de otros pueblos, sobretodo sucesos. Llegaban, se plantaban en la calle y lo entonaban o recitaban, algo así como pregoneros. Era su trabajo, se les pagaba. Recuerdan que uno que iba mucho por allí era ciego.
Es un romance titulado “La Zarabandilla” (una lagartija).

